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Campbell Joseph - Las Mascaras de Dios 3 - Mitologia Occidental

En busca de la felicidad -OK de Isaindd

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16 Jul 2004 a lo largo de más de dos décadas, Joseph Campbell dijo haber las recogidas en su colosal Las máscaras de Dios no eran muy distintas, en
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Campbell Joseph - Tu Eres Eso

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Traducido del sánscrito como “Tú eres eso”, este epigrama capta el A Joseph Campbell le gustaba hacer la pregunta de Schopenhauer, que puede leerse en   Eso es, de hecho, el sentido cabal del famoso dicho hindú, Chhandogya Upanishad, tattuamasi, “Tu eres Eso”, “Tu mismo eres ese fundamento

  1. Tú eres eso
  2. Joseph Campbell 160
  3. Joseph Campbell
  4. Campbell
  5. Joseph
  6. ESO
  7. Joseph Campbell fue
  8. y esa guarida es tu corazón
  9. y eso es lo que nos pasa a nosotros
  10. Y es que después de Campbell

Campbell M Shirakawa Glossika Japanese Fluency 1 2015

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te estudio comparativo de las mitologías del mundo

Description

JOSEPH CAM PBELL

aOS: Mitología occidental

Alianza Editorial

Joseph Campbell

Las máscaras de Dios: Mitología occidental

Versión española de Isabel Cardona

Alianza Editorial

Título original: The Masks o f God: Occidental Mythology

Primera edición: 1992 Primera reimpresión: 1999

Reservados todos los derechos

El contenido de esta obra está protegido por la Ley

que establece penas de prisión y/o multas,

además de las correspon­ dientes indemnizaciones por daños y perjuicios,

distribuyeren o comunicaren públicamente,

interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a tra­ vés de cualquier medio,

sin la preceptiva autorización

Copyright © Joseph Campbell,

Madrid,

Impreso en Lave

Pol Ind

Los Llanos Cl Gran Canaria,

Humanes (Madrid) Printed in Spain

P r im e r a p a r t e

LA EDAD DE LA DIOSA Mito y ritual: este y oeste

La diosa madre Eva

La sangre de la Gorgona

Ultima Thuíe

Derecho materno

La Madre de Dios

Las dos reinas

La madre del Minotauro

La victoria de los hijos de la luz

In t r o d'u c'c ió n

CAPÍTULO

CAPÍTULO

Segunda parte

LA EDAD DE LOS HEROES CAPÍTULO

Dioses y héroes de hevante: 1500-500 a

El libro del Señor

La edad mitológica

La edad de Abraham

La edad de Moisés

8 / Indice

CAPÍTULO 4

Dioses j héroes del oeste europeo: 1500-500 a

163 ■I

El diálogo del norte y el sur

Los matrimonios de Zeus

169 III

El viaje marítimo nocturno

La polis

LA EDAD DE LOS GRANDES CLASICOS CAPÍTULO 5

DI período persa: 539-331 a

Dualismo ético

La caída cósmica y la renovación

El rey de reyes

El resto

El dios del amor

CAPÍTULO 6

DI helenismo: 331 a

El matrimonio del este y el oeste

Monoteísmo sincrético y étnico

266 III

Culto mistérico y Apocalipsis

Los vigilantes del mar Muerto

Da Gran Doma: alr

La esfera celta

Etruria

La edad augusta

El Cristo ilusorio

La misión de Pablo

VIL La caída de Roma

Cu arta parte

LA EDAD DE LAS GRANDES CREENCIAS INTRODUCCIÓN

DI diálogo de Europa y Devante

Indice / 9

La crut^j la media luna

Los magos

Bizancio

El profeta del islam

El manto de la ley

El manto de la vía mística

El hechizo roto

'CAPÍTULO 8

E uroparenaciente

La isla de los santos

El destino de los dioses

C o n c'l'u sió n

Al final de una edad

CAPÍTULO 9

ÍNDICE ANALÍTICO

INDICE DE ILUSTRACIONES

Figura 1

De la copa votiva del rey Gudea: el Señor Serpiente

Sumeria,

Figura 2

Dibujo sobre cerámica elamita: el Arbol del Mundo

período sasánida (El Louvre)

Figura 3

Sello cilindrico acadio: El Señor Serpiente entronizado

Tell Asmar,

Figura 4

Sello cilindrico sirio-hitita: Gilgamesh en el axis rnmdi

Figura 5

Sello cilindrico babilonio: el jardín de la Inmortalidad

Sello cilindrico sumerio: la Diosa del árbol

Figura 7

Tabla votiva: Deméter y Pluto

Eleusis,

Florencia)

Figura 8

Tabla votiva: Zeus Meilichios

El Píreo,

Berlín) __ Figura 9

Vaso pintado: el árbol de las Hespérides

Figura 10

Vaso pintado con figuras en rojo: Zeus contra Tifón

(Museo de Munich) __ Figura 11

Vaso pintado con figuras en rojo: Afrodita con Erotes

Berlín)

Figura 12,

Anillo de sello cretense: la Diosa de la Montaña del Mundo

Knossos,

Marfil micènico: las Dos Reinas y el Rey

Micenas,

Atenas)

Vaso pintado con figuras en rojo: Deméter,

Triptólemo y Perséfone

Berlín)

«Anillo de sello de Néstor»,

micènico: el Arbol de la Vida Eterna

Placa sumeria de terracota: la luna-toro y el león-pájaro

Filadelfia)

Sello cretense de cuentas de cornalina: Mi­ notauro y hombre-león: alr

Sello cretense de cuentas de oro: el sacrifi­ cio

Anillo de sello de oro,

micènico: la Diosa de la doble hacha

Estatuilla cretense de loza: la Diosa Serpien­ te

Knossos,

(Museo Heraklion) 173 Figura 21

Estatuillas cretenses de piedra caliza: la Diosa Serpiente,

Knossos,

jarrón greco-etrusco con figuras en negro: el

Louvre)

Grupo mítraíco en mármol: Mitra Tauroctonus

Italia,

Imagen mitraica en mármol: Zervan Akarana

Italia,

(Vaticano) 289 Ilustradones 25 y 26

Amuletos con símbolos judíos: Iaw,

Altar galorromano,

«Le Pilier des Nautes»

encontrado bajo Notre Dame de París

París)

Indice de ilustraciones / 13

Figura 28

Segundo lateral del mismo altar: el toro con las tres grullas (Torvos Trigoranus)

Espejo etrusco de bronce: el clavado del Clavo Anual

Toscana,

Berlín)

Libro de Kells: página Tune

Irlanda,

Dublín)

Estatuilla de madera pintada: Madonna y Niño

Francia,

París) 545 Figura 32

La Madre de Dios (la misma estatuilla abierta,

mostrando a La Trinidad y a los adoradores)

Preám bulo

A LA TERMINACION DE LAS MASCARAS DE DIOS Cuando dirijo la vista atrás,

hacia los doce satisfactorios años que he dedicado a este empeño tan gratificante,

encuen­ tro que su resultado principal para mí ha sido la confirmación de una idea que mantuve larga y confiadamente: la unidad de la especie humana,

no sólo en su historia biológica sino también en la espiritual,

que por doquier se ha desarrollado a la manera de una única sinfonía,

en un gran fortissimo con todas las secciones tocando a la vez,

avanza irresistiblemente hacia una especie de poderoso clímax,

del cual ha de surgir el próximo gran movimiento

Y no veo razón alguna para que se pueda suponer que los mismos motivos acabados de escuchar no han de oírse otra vez en el futuro,

pero siempre los mismos motivos

Todos ellos se presentan aquí,

sugiriendo las maneras en que pueden ser utilizados por personas razonables para fines razonables,

o por poetas para fines poéticos,

o por insensatos para la necedad y el desastre

como dice James Joyce en Finnegans Wake: «Tan imposibles como son todos estos hechos,

resultan tan proba­ bles como aquellos que pueden haber sucedido o como cuales­ quiera otros que nunca nadie pensó que pudieran ocurrir

PRIMERA PARTE

LA EDAD DE LA DIOSA

I n t r o d'u c'c ió n

MITO Y RITUAL: ESTE Y OESTE

La división geográfica entre las esferas oriental y occiden­ tal del mito y el ritual es la meseta de Irán

Hacia el este se encuentran las dos esferas espirituales de India y el Extremo Oriente

Europa y Levante

En todo Oriente prevalece la idea de que el fundamento último del ser trasciende el pensamiento,

la imaginación y la definición

No puede ser calificado

De ahí que discutir sí Dios,

el Hombre o la Naturaleza son buenos,

miseri­ cordiosos o benignos,

Con la misma propie­ dad o impropiedad se podría decir que son perversos,

Todas estas aseveraciones antropomórficas ocultan o enmascaran el enigma real,

que está absolu­ tamente más allá del examen racional

Y sin embargo,

precisamente ese enigma es el fundamento últi­ mo del ser de todos y cada uno de nosotros,

Por tanto,

la aspiración suprema de la mitología oriental no es establecer la autenticidad de cualquiera de sus divinida­ des o ritos asociados,

sino expresar por medio de ellos una experiencia que va más allá: de identidad con aquel Ser de seres que es a la vez inmanente y trascendente

Las plegarias y los cánticos,

definiciones y cosmologías no son sino barcos hacia una orilla de experiencia más allá de las categorías del pensamiento,

que hay que abandonar a la llegada

como dice el Kena Upanishad hindú: «Saber es no saber,

«Tú eres eso»,

y el japonés: «Es tu yo verdadero» 4

«jOh tú

afirma un texto básico budista,

«que te has ido,

que te has ido a aquella orilla,

que en aquella orilla has desembarcado: ¡Iluminación

Por otro lado,

en las esferas occidentales del pensamiento y la metáfora mitológica,

bien sea en Europa o en Levante,

el fundamento del ser se personifica generalmente en un Creador,

de quien el hombre es la criatura,

de forma que aquí la función del mito y el ritual no puede ser la de catalizar una experiencia de identidad inefable

El hombre solo,

sólo es capaz de experimentar su propia alma de criatura,

que puede estar debidamente relacionada con su Creador o no

Por tanto,

la función superior del mito y el ritual occidental es establecer formas de relación de Dios con el hombre y del hombre con Dios

Además,

tales medios los proporcionan instituciones cuyas reglas no pueden aprenderse por el examen de la natura­ leza,

Reveladas sobrenaturalmente,

como dice el mito de cada institución

y son administradas por sus clérigos,

Sin embargo,

surgen ciertas complicaciones,

exclusivamen­ te occidentales,

donde se enfrentan dos términos extremos tan contradictorios como Dios y el Hom­ bre,

el individuo no puede conceder toda su lealtad a los dos

De un lado,

puede renunciar a su juicio humano ante lo que cree la majestad de Dios: «¡Mirad

¿Qué debo responderte

puede permanecer del lado de sus valores humanos y juzgar,

el carácter de sus 1 Kena Upanisad 2

4 Mumon,

The Gateless Gate,

traducido por Nyogen Senzaki y Paul Reps,

Zen Flesh,

Zen Sones (Nueva York: A Doubled Anchor Book,

* Job 40:4

Mito y ritual: este y oeste / 21

Al primer tipo de piedad la llamamos religiosa y la reconocemos en todas las tradiciones de Levante: zoroastrismo,

Al otro,

y lo reconocemos en las mi­ tologías nativas de Europa: griega,

En general,

la historia reciente de la mitología occidental se puede describir en términos de una grandiosa interacción de estas dos piedades contrarias

concretamente una violenta marea de intercambios,

empezando con el primer intento serio persa contra Grecia el 490 a

La conquista del Levante por Alejandro dio la vuelta a la corriente levantina y fue seguida por las victorias de Roma

Sin embargo,

incluso en el primer periodo romano,

había empezado a hacerse notar una contra­ corriente de mitologías levantinas dirigiéndose hacia el oeste

Durante las guerras púnicas,

el culto de la Magna Mater frigia fue presentado a la ciudad con toda solemnidad

El estoicismo también tenía un acento levantino oriental,

y en la cumbre del poder de Roma,

en el periodo de los Antoninos,

el culto sincrético persa de Mitra se convirtió en la principal religión del Imperio

Siguió el cristianismo,

tras el cual cayó el imperio europeo,

y la levantina Bizancio asumió tanto su nombre como su papel de nueva o segunda Roma

A continuación,

la revelación de Mahoma irrumpió en el mundo,

y a lo largo del milenio siguiente prometía convertirse en la religión definitiva de la humanidad

Porque igual que Persía había sido detenida en Maratón (490 a

lo fue el islam en Poitiers (732 d

y a partir de entonces la inquietante llamada del muecín a la plegaría comunal procedente del desierto,

fue obligada a retroceder año tras año

Además,

dentro de la propia Europa cristianizada la autoridad absoluta de la Iglesia única se vio disuelta por la irresistible vuelta de los principios originales europeos de juicio individual y valor del hombre racional

Siguieron la Reforma,

la Ilustración y la actual edad de la Ciencia,

en la conquista espiritual europea del mundo,

aunque con la próxima ola levantina levantándose ya en el horizonte

Gran parte de la complejidad y vitalidad de la herencia

occidentaldebe atribuirse a las pretensiones opuestas —ambas aceptadas— de los defensores de lo que se ofrece como la palabra de Dios de un lado,

Nada semejante ha preocupado nunca seriamente al pensamiento de Oriente al este de Irán,

donde la antigua cosmología hierática de los eones —estáticos y,

en ciclos de impersonalidad matemática,

de eternidad en eternidad— perdura hasta el día de hoy como la última palabra sobre el universo y el lugar del hombre en el mismo

Según este enfoque,

aunque en aparente tumul­ to,

como una manifestación del misterio del ser,

sustentador de todo e impregnador de todo,

que trasciende el pensamiento,

la imaginación y la definición

que trasciende la búsqueda de la ciencia

Como una gema,

siempre presentando sus facetas a la luz,

aparentemente cambiante pero en realidad la misma,

esta idea del cosmos de la Edad del Bronce,

aún intacta en Oriente,

expresa un mundo fijo de deberes,

papeles y posibilidades fijos: no un proceso,

no es sino un destello entre las facetas

La voluntad y la mente no se conciben,

Y cuando el occidental las exhibe,

el sabio oriental simplemente mira,

pero con el consolador sentimiento de estar viendo sólo las obras de un demonio cuyo tiempo seguramen­ te será corto,

sólidamente enraizado en todo lo que es eternamente verdadero en el hombre,

el universo y el secreto último del ser

Todo lo cual sabe,

viejo acervo de sabiduría que tanto él como nosotros hemos heredado de la Edad del Bronce

Porque en un nivel del pasado más profundo que el del vaivén de Persia,

Grecia,

Bizando,

el islam y posterior­ mente Europa,

el legado de la Edad del Bronce proporcionó muchos de los motivos básicos del pensamiento mitológico,

tanto occidental como oriental

Es más,

el origen de este legado no está ni en India,

Levante,

donde las palas de la investigación arqueológica reciente han descubierto un fondo de preparación que se remonta a alr

Por aquel

Mito y ritual: este y oeste / 23

en los altos y protegidos valles de Asia Menor,

se desarrollaron las técnicas de la agricultura y la crianza de ganado,

y esto produjo una muta­ ción: decisiva tanto en el carácter de la existencia humana como en su potencial de desarrollo

Mientras que antes la humanidad había vivido sólo precariamente de la recogida de alimentos (la caza y la recolección de vegetales),

ahora los hombres se convirtieron en verdaderos labradores de la tierra

Aparecie­ ron aldeas autosuficientes,

que aumentaba pro­ gresivamente,

se extendió por una ancha faja hacia el este y el oeste,

llegando simultáneamente a ambos océanos,

Mientras tanto,

en la desarrollada zona de origen,

ocurrió una segunda mutación deci­ siva,

cuando en la zona ribereña de Mesopotamia se inventaron las artes fundamentales de todas las grandes civilizaciones desarrolladas: la escritura,

la observación científica y sistemá­ tica (del cielo),

El conocimiento y la aplicación de todo esto llegó a Egipto con los primeros faraones de la I dinastía,

1000-500 a

en la fase de aldea neolítica de este desarrollo y dispersión,

la figura focal de toda la mitología y el culto fue la generosa diosa Tierra,

como madre y mantenedora de la vida y receptora de los muertos para su ulterior renacimiento

En el primer periodo de su culto (quizá alr

en Levante) tal diosa madre puede que fuera considerada sólo como una patrona local de la fertilidad,

como suponen muchos antropólogos

Sin embargo,

incluso en los templos de la primera de las grandes civilizaciones (Sumeria,

la Gran Diosa de veneración suprema ciertamente fue mucho más que eso

Ya era,

un símbolo metafísico: la principal personificación del poder del Espacio,

dentro de cuyos límites todos los seres se originan y mueren: la sustancia de sus cuerpos,

configuradora de sus vidas y pensamientos,

Y todo lo que tenía forma o nombre,

personificado como bueno o malo,

Hacia el final de la Edad del Bronce y,

en el amanecer de la Edad del Hierro (alr

las antiguas cosmologías y mitologías de la diosa madre fueron transformadas radicalmente,

e incluso en gran medida fueron suprimidas por aquellos repentinos intrusos,

los guerreros tribales patriarcales,

cuyas tradiciones han llega­ do a nosotros fundamentalmente en el Antiguo y el Nuevo Testamento y en los mitos de Grecia

Dos vastas matrices geográficas fueron las tierras de origen de estas oleadas de guerreros insurgentes: de los semitas,

los desiertos sirio-ára­ bes,

cuidaban ovejas y cabras y más tarde domesticaron el camello

y de los linajes heleno-arios,

las amplías llanuras de Europa y el sur de Rusia,

donde habían apacentado sus rebaños de ganado y pronto domesticaron el caballo

En los siguientes capítulos nos complacerá señalar,

incluso en los mitos en los que se supone que no juega ningún papel o incluso que ni existe (Capítulo 1)

echaremos una ojeada al periodo de su dominio (Capítulo 2)

avanzaremos sistemáticamente hacia el valle donde se encuentran los nume­ rosos templos de las piadosas visiones de los pueblos más creativos del mundo occidental

Compárense las figuras 31 y 32,

545 y 546

C a p ít u l'o 1

LA DESPOSADA DE LA SERPIENTE

La diosa madre Eva Quien esté familiarizado con las mitologías de la diosa de los mundos primitivo,

antiguo y oriental reconocerá equiva­ lentes en todas las páginas de la Biblia,

aunque transformados para proporcionar razonamientos contrarios a las antiguas creencias

Por ejemplo,

en el episodio de Eva y el árbol,

no se dice nada que indique que la serpiente que se le apareció y le habló era una deidad por derecho propio,

que había sido adorada en Levante por lo menos durante los siete mil años anteriores a la composición del libro del Génesis

En el Louvre hay un jarrón tallado de esteatita verde dedicado,

por el rey Gudea de Lagash a una manifestación sumeria tardía de este consorte de la diosa,

que llevaba el nombre de Ningizzida,

«Señor del Arbol de la Verdad»

A través de un par de puertas que están abriendo dos dragones alados de un tipo conocido como león-pájaro (Fig

entrelazadas a una vara a la manera del caduceo del dios griego del conocimiento místico y el renaci­ miento,

La maravillosa capacidad de la serpiente para mudar la piel y renovar así su juventud le ha proporcionado en todo eli i William Hayes Ward,

The Seal Cylinders o f Western Asia (Washington,

: The Carnegie Institution of Washington,

Catalogue des antiquités chaldéenes (París: Imprimeries réunies,

Figura 1

mundo el carácter de señor del misterio del renacimiento,

mudando la piel de su sombra y creciendo de nuevo,

La luna es el señor y la medida del ritmo creador de vida del útero,

a través del cual los seres vienen y se van: señor del misterio del nacimiento y de la muerte,

que no son sino aspectos de un estado del ser

La luna gobierna las mareas y el rocío que cae durante la noche para refrescar el pasto en el que pace el ganado

Pero la serpiente también es un señor de las aguas

Mora en la tierra,

entre las raíces de los árboles,

se desliza con un movimiento de ola

o asciende a las ramas como una liana,

para colgar de ellas como una especie de fruta mortal

La sugerencia fálica es inmediata,

también sugiere el órgano femenino

de forma que expresa una imagen dual,

que opera implícitamente sobre los sentimientos

Asimis­ mo,

una asociación dual de fuego y agua se vincula al rayo de su mordedura,

la flecha bífida de su activa lengua y la quema­ dura letal de su veneno

Cuando se la imagina mordiéndose la cola,

sugiere las aguas que en todas las cosmologías arcaicas rodean y reposan,

bajo la flotante isla circular de la Tierra

La figura 2,

de un cuenco pintado elamita del último

La desposada de la serpiente / 27

muestra de nuevo al antiguo guardián del Arbol del Mundo,

subiendo por el tronco en el que se enrosca2

En esta forma,

admonitorio de la presencia resulta obvio

Sin embargo,

igual que la serpiente en el jardín,

Ningizzida es generalmente favorable a aquellos que,

se acercan a la bendición de su santuario

La figura 3,

de un antiguo sello acadio de alr

Figura 3

—El Señor Serpiente entronizado

Semitic Mythology,

The Mythology of All Races,

V (Boston: Marshall Jones Company,

Délégation en Perse

Mémoires (Paris: E

Leroux,

muestra a la deidad con forma humana,

con su emblema del caduceo detrás y un altar con fuego ante ella3

Un devoto es conducido ante su presencia por una divinidad coronada,

seguido por una figura que lleva un cubo,

con una serpiente colgando de su cabeza,

y que es un servidor del dios entronizado y corresponde a los guardianes con forma de león-pájaro de la copa de Gudea

La luna,

la fuente de las aguas de la vida,

está suspendida sobre la copa sostenida por la mano del dios,

de donde el iniciado presentado debe beber ahora

Aquí resulta obvia la asociación del señor serpiente,

la copa de la inmortalidad y la luna

un motivo común a todas las mitologías antiguas,

la múltiple aparición de un dios en aspectos superiores e inferiores simultáneamen­ te

Porque el guardián,

admitiendo o excluyendo aspirantes,

es una manifestación disminuida del poder de la propia deidad

Es el aspecto que experimenta en primer lugar cualquiera que se acerque a la presencia

el aspecto probatorio del dios

Es más,

el dios —y también su aspecto probatorio— puede aparecerse en una o más de una serie de formas a la vez: antropomórfica,

árbol,

que deben reconocerse como aspectos de un único principio polimorfo,

simbolizado en todos ellos pero,

más allá de todos

Otra serie de tres sellos será suficiente para relacionar estos símbolos con la Biblia

El primero es el elegante ejemplo siriohitita de la figura 4 4,

que muestra al héroe mesopotámico Gilgamesh en manifestación dual,

sirviendo como guardián de un santuario,

a la manera de los leones-pájaro de la copa de Gudea

Pero lo que encontramos dentro de este santuario no es ni una forma humana,

es una columna hecha de anillos de serpiente,

que tiene en la parte superior un r símbolo del sol

Tal estaca o alcándora simboliza el eje alredeN' dor del cual giran todas las cosas (el axis mundi),

Frankfort,

«Sargonid Seals»,

4 Ward,

La desposada de la serpiente / 29

W Figura 4

Axis mundi

un equivalente del budista Arbol de la Iluminación en el «Punto Inmóvil» en el centro del mundo5

Alrededor del símbolo del sol,

se ven cuatro círculos pequeños

simbolizan los cuatro ríos que fluyen hacía las cuatro partes del mundo 6

(Compare- rC: se con el libro del Génesis 2: 10-14

) Acercándose por la izquierda está el poseedor del sello,

conducido por un leónpájaro (o querubín,

como se llama en la Biblia a estas aparicio­ nes) que lleva un cubo en su mano izquierda y en la derecha alza una rama

Le sigue una diosa en el papel de la madre mística del renacimiento,

un dibujo laberíntico que en este arte corresponde al caduceo

Así que,

reconocemos los símbolos usuales del mítico jardín de la vida,

sol permanente y aguas eternas irradian dones en todas las direc­ ciones,

y hacía el cual es guiado el individuo,

por una manifes­ tación divina u otra,

al conocimiento de su propia inmorta­ lidad

En el próximo sello,

donde se muestra Ja muníficiencia del jardín mítico,

todos los personajes pertenecen al sexo femenino

Las dos que cuidan el árbol se identifican como una aparición dual de la divinidad del mundo subterráneo Gula Bau,

cuyos equivalentes clásicos son Deméter y Perséfone7

La luna está justo encima de la fruta que se ofrece,

como 5 The Masks o f God: Oriental Mythology,

[Las mascaras de Dios: mitologk oriental,

Madrid,

Alianza,

Recherches sur la glyptique orientale (Paris: Maisonneure & Cie,

188386),

Figura 5

—El Jardín de la Inmortalidad,

Y la receptora de la dádiva,

que sujeta en su mano derecha una rama de fruta,

percibimos que en este antiguo sistema mítico de Oriente Próximo nuclear —en contraste con el posterior sistema de la Biblia estrictamente patriarcal— la divinidad podía ser representada tanto bajo forma femenina como mas­ culina,

siendo la propia forma calificativa simplemente la máscara de un principio finalmente incalificado,

más allá de todos los nombres y las formas,

pero sin embargo habitán­ dolos

Tampoco se encuentra en estos sellos ningún signo de ira divina o peligro

No hay tema de culpa unido al jardín

La dádiva del conocimiento de la vida está allí,

Y es otorgada de buena gana a cualquier mortal,

que llegue con el deseo y la disposición adecuados para recibirla

Por tanto,

el antiguo sello sumerio de la figura 6 8 no

Figura ó

8 Ward,

La desposada de la serpiente / 31

como han supuesto algunos estudiosos,

la represen­ tación de una versión sumeria perdida dé la caída de Adán y Eva9

Su espíritu,

perteneciente a la Edad del Bronce,

es el del jardín de la inocencia,

donde los dos frutos deseables de la mítica palmera datilera están para ser cogidos: el fruto del conocimiento y el fruto de la vida inmortal

La figura femenina de la izquierda,

casi con seguridad es la diosa Gula Bau (un equivalente,

mientras que el hom­ bre de la derecha,

que no es mortal sino un dios,

como sabemos por su corona lunar en forma de cornamenta,

«Hijo del Abismo: Señor del Arbol de la Vida»,

el dios sumerio que muere y resucita eternamente,

el arquetipo del ser encarnado

Se podría comparar con el relieve grecorromano de la figura 7 101,

donde la diosa de los misterios de Eleusis,

Demé­ ter,

se muestra con su niño divino Pluto *,

de quien escribió el poeta Hesíodo: Feliz,

feliz es el morral que lo encuentra cuando pasa porque sus manos están cargadas de bendiciones y su tesoro se desborda11

personifica la riqueza de la tierra,

pero en un sentido más amplío es un equivalente del dios de los misterios,

Dioniso

En Mitología primitiva y Mitolo­ gía oriental he tratado de una serie de deidades de este tipo,

que son a la vez consortes e hijos de la Gran Diosa del Universo

Volviendo a su seno por la muerte (o,

como la luna mudando su sombra o la serpiente mudando su piel

En consecuencia,

en 9 La teoría de la caída fue propuesta por George Smith,

The Chaldean Account o f Genesis (Nueva York: Scribner,

Amstrong,

189-91,

Themis (Cambridge: The University Press,

Overbeck,

A tlas der griechischen Mythologie (Leipzig: W

Engelmann,

lámina XVI,2

Teogonia 973-74

citado por Jane Ellen Harrison,

Alianza,

] * No es el-mismo que Plutón,

aunque con frecuencia se le identifica con él por la similitud de sus nombres

Figura 7

aquellos ritos de iniciación con los que estaban asociados tales símbolos (como en los misterios de Eleusis),

regresando en contemplación a la diosa madre de los misterios,

se separaba reflexivamente del destino de su envoltura carnal (simbólicamente,

que muere) y se identificaba con el principio que siempre renace,

el Ser de todos los seres (el padre serpiente): con lo cual,

en el mundo donde sólo se había visto dolor y muerte,

el éxtasis se reconocía como una trans­ formación eterna

Comparemos la leyenda de Buda

Cuando se colocó en el Punto Inmóvil bajo el Arbol de la Iluminación,

el Creador de la Ilusión del Mundo,

Kama-Mara,

«Deseo de Vida y Temor a la Muerte»,

se acercó para amenazar su posición

Pero él tocó la tierra con los dedos de su mano derecha y,

«la poderosa Diosa Tierra atronó con cien,

diciendo: “¡Te pongo por testigo

El Bendito alcanzó aquella noche la Iluminación,

y permaneció absorto en éxtasis durante siete veces siete días,

en el transcurso de los cuales se levantó una terrible tempestad

«Y un poderoso rey serpiente llamado Muchalinda»,

saliendo de su morada bajo tierra,

envolvió con sus anillos el cuerpo del Bendito siete veces y,

extendiendo su gran caperuza sobre su cabeza,

La desposada de la serpiente / 33 «¡Que ni el frío ni el calor,

ni las criaturas que se arrastran se acerquen al Bendito

!» Y después,

cuando transcurrieron siete días y Muchalinda supo que la tormenta había pasado,

al haberse dispersado las nubes,

desenroscó sus anillos del cuerpo del Bendito y,

con las manos juntas en la frente,

En la tradición y la leyenda de Buda la idea de la liberación de la muerte recibió una interpretación psicológica nueva,

no infringía el espíritu de su anterior representa­ ción mítica

Los viejos temas se llevaron a un plano superior y se les dio nueva inmediatez a través de su asociación con un personaje histórico verdadero,

que había ilustrado su significa­ do con su vida

continuó el sentido de armonía entre el héroe inquiridor y los poderes del mundo viviente,

en el fondo no eran sino transformaciones del misterio del ser

igual que en los antiguos sellos de Oriente Próximo,

en el árbol cósmico impera una atmósfera de acuerdo sustancial,

donde la diosa y su esposo serpiente ayudan a su benemérito hijo en su búsque­ da de la liberación de las ataduras del nacimiento,

Por otra parte,

en el jardín de Edén reina una disposición diferente

Porque Dios (el nombre hebreo es Yahvé) maldijo a la serpiente cuando supo que Adán había comido la fruta del árbol del conocimiento del bien y del mal,

y dijo a sus ángeles: «“Mirad,

el hombre se ha hecho igual a nosotros,

para que no adelante la mano y coja también del árbol de la vida,

Yahvé le expulsó del jardín de Edén,

para que cultivara la tierra de la que fue sacado

Expulsó al hombre,

y al este del jardín de Edén colocó al querubín [es decir,

y una espada flamígera que giraba en todas las direcciones,

para guardar el camino al árbol de la vida»1314

El primer punto a destacar,

y que se demostrará más detenidamente en numerosas escenas míticas que encontrare­ mos,

es que en el contexto del patriarcado hebreo de la Edad 13 Maba-vagga 1

Cito siempre de la Version Revisada Standard de la Biblia

del Hierro dél primer milenio a

se invirtió la mitología adoptada dé las anteriores civilizaciones del Neolítico y de la Edad del Bronce de las tierras que ocuparon y gobernaron durante algún tiempo,

para presentar un razonamiento justo opuesto al de su origen

Y el segundo punto,

es que en muchos de los símbolos básicos de la Biblia hay una ambivalencia inherente que no puede suprimir ningún énfasis retórico sobre la interpretación patriarcal

Dirigen un mensaje pictórico al corazón que es exactamente el contrario del mensaje verbal dirigido al cerebro

y esta discordancia nerviosa se encuentra tanto en el cristianismo como en el judaismo y el islam,

porque éstos también comparten el legado del Antiguo Testamento

Sin embargo,

la Biblia no es la única fuente occidental con una enseñanza tan ambivalente

En el legado de Grecia hay una inversión de sentido similar

La sangre de la Gorgona

Jane Ellen Harrison demostró hace más de medio siglo que en los festivales agrarios y los cultos mistéricos de Grecia sobrevivían numerosos vestigios de una mitología prehomérica en la que el lugar de honor no lo ocupaban los dioses masculinos del soleado panteón olímpico,

y era la madre tanto de los vivos como de los muertos

Su consorte normalmente tenía forma de serpiente,

y sus ritos no se caracterizaban por el alegre espíritu de los varoniles juegos atléticos,

banquetes y teatro que la mente moderna asocia con la Grecia clásica,

sino que su espíritu era oscuro y lleno de terror

Las ofrendas no eran de ganado vacuno,

elegantemente en­ guirnaldado,

sino de cerdos y seres humanos

y eran ofrecidas no en pulimen­ tados templos de mármol,

radiantes a la hora de los rosados dedos del amanecer,

sobre zanjas a través de las cuales la sangre fresca se vertía al abismo sin fondo

«Los seres adorados»,

La desposada de la serpiente / 35

Harrison,

«no eran dioses humanos racionales,

fundamental­ mente malévolos,

fantasmas y duendes y similares aún no formulados y encerrados en la divinidad» 15

Además,

la atmósfera de los rituales no era la de una fiesta compartida,

en el simple espíritu de do ut des,

«doy para que des»,

sino de liberación: do ut abeas,

«doy para que te vayas»

iba siempre unida la idea de que si se disipaba el aspecto negativo del demonio (dáimon),

brotarían de su fuente natural por sí mismos

La figura 8 pertenece a una tabla votiva encontrada en el Píreo,

dedicada a una forma del Zeus olímpico conocida como

Figura 8

'Prolegomena to the Study o f Greek Keligion (Cambrid­ ge: Cambridge University Press,

Zeus Meilichios 1617

Pero que el celestial Zeus —¡entre todos los dioses

porque como señala Jane Harrison: «Zeus es uno de los pocos dioses griegos que nunca aparece acompañado de una serpiente»1

Su explicación de la anomalía es que tanto el nombre como la figura pertenecieron originalmente a un demonio local,

el hijo —esposo de la diosa— madre Tierra,

cuyo lugar de culto en el Pireo fue ocupado por el supremo dios conquistador del panteón ario del norte

Al nombre de Zeus le fue añadido el del espíritu local de la tierra como un epíteto

Y los ritos anuales de primavera del culto del demonio también fueron asimilados,

junto con su poco olímpico estilo de sacrificio —un holocausto de cerdos— llevado a cabo,

como observó un comentador griego,

«con un cierto elemento de glacial lobreguez»18

Sin embargo,

la atmósfera que asociamos con las civiliza­ ciones de la Edad del Bronce de la prehomérica Creta minoica y las contemporáneas islas Cicladas no es de glacial lobreguez,

y de allí parece que provenían la mayoría de estos cultos tan poco helénicos

Por el contrario,

la atmósfera que sugieren sus hermosas obras de arte es de elegante armonía con la majestad del proceso cósmico

Tampoco se puede afirmar que incluso en la posterior época clásica,

rodeada de su séquito de serpientes,

machos cabríos y toros fuera siempre un personaje temido y aborrecido

Es verdad que Sir James G

Frazer en La rama dorada ha mostrado que su culto en el ahora famoso bosquedllo del lago de Nemi,

cierta­ mente era bastante oscuro y siniestro

«En este bosquecillo sagrado»,

como ha descrito el lugar en las primeras páginas de su gran obra,

crecía cierto árbol alrededor del cual rondaba una figura siniestra durante todo el día,

y probablemente hasta altas horas de la noche

En la mano blandía una espada desnuda y vigilaba cautelosamente,

como si esperase a cada instante ser atacado por un enemigo

El vigilante era sacerdote y homicida a la vez

citando Beschreibung der ^Antiken Skulpturen del Museo de Berlin

17 Ibid

13 Ibid

La desposada de la serpiente / 37 temprano había de llegar el hombre que le matara,

para reemplazarle en el puesto sacerdotal

Tal era la regla del santuario

El candidato al sacerdocio sólo podía ocupar el puesto matando al sacerdote,

y una vez muerto le sustituía hasta ser a su vez muerto por otro más fuerte o más hábil

El oficio mantenido de este modo tan precario le confería el título de rey,

pero seguramente ningún monarca descansó peor que éste,

ni fue acosado por pesadillas más atroces

Año tras año,

debía mantener su guardia solitaria,

y siempre que se rindiera con inquietud al sueño,

lo haría con riesgo de su vida59

Ciertamente,

Y también tenemos otras en los anales de Grecia y Roma que presentan la misma atmósfera de terror: por ejemplo,

la leyenda tantas veces relatada de la reina Pasífae de Creta,

su amor por un toro surgido del mar,

paseando de un lado a otro del laberinto construido para encerrarlo

Sin embargo,

otras escenas rituales prehelénicas sugieren más bien un idilio de armonía y paz,

sabiduría y poder profètico para aquellos en cuyo corazón no hay temor a los fantasmas

En un tratado «Sobre la naturaleza de los animales» el autor romano EHo (m

) describe un santuario de serpientes en Epiro que en su época se decía que era del dios Apolo,

pero que en realidad era —como el santuario de la serpiente de Zeus Meilichios— el vestigio de una mitología egea prehe­ lénica

Las gentes de Epiro ofrecen sacrificios sobre todo a Apolo,

y un día del año celebraban su fiesta principal,

una fiesta de gran magnificencia,

Hay un bosquecillo dedicado al dios,

en cuyo interior hay serpientes,

seguramente juguetes para el dios

Y sólo se les acerca la sacerdotisa virgen

Desnuda,

lleva la comida a las serpientes

Las gentes de Epiro dicen que estas serpientes descienden de la Pitón de Qglfos,

Y ahora,

si cuando la sacerdotisa se les acerca,

las serpientes se muestran apacibles,

se dice que eso significa que habrá un año de abundan­ cia y sin enfermedades

pero si la asustan y no comen los dulces de miel que les ofrece,

O consideremos el dibujo del jarrón de la figura 9,

esencialmente en el mismo espíritu,

muestra el mítico árbol de 15 Sir James George Ftazer,

The Golden Bough (Nueva York: The Macmi­ llan Company,

[Edición castellana: La rama dorada,

De natura animalium XI

Themís,

las manzanas de oro en la soleada tierra de las Hespérides 21

Una enorme serpiente con cuernos se enrosca en el árbol,

en cuya raíz hay una cueva de la que brota el agua por una fuente de doble caño,

mientras que las adorables Hespérides —una familia de ninfas conocidas por la antigüedad como hijas nacidas sin padre de la diosa cósmica Noche22— la rodean atendiéndola

Y todo es exactamente como hubieran permane­ cido las cosas también en el Edén,

si el recientemente instalado patriarca de la hacienda (que estaba desarrollando su preten­ sión,

de prioridad no sólo en la propiedad,

sino también en la existencia) no se hubiera moles­ tado cuando supo las cosas que ocurrían

Porque ahora está perfectamente claro que antes de que entraran violentamente en los viejos lugares de culto del mundo antiguo los nómadas arios pastores de ganado por el 21 Harrison,

Themis,

Teogonia 215

La desposada de la serpiente / 39

los semitas pastores de ovejas y cabras de la reciente Edad del Bronce y la primera Edad del Hierro,

había prevalecido en aquel mundo una forma de comprender la naturaleza y las necesidades de la vida esencialmente orgánica,

que repugnaba por completo a aquellos corazones de león para quienes la fuente,

tanto de la riqueza como de la alegría,

no era el paciente trabajo de la tierra,

sino la lanza de batalla y el saqueo

En los más antiguos mitos y ritos de la madre tanto los aspectos luminosos como los oscuros de esa mezcla de ambos que es la vida,

habían sido honrados por igual,

mientras que en los posteriores mitos patriarcales,

todo lo que es bueno y noble se atribuía a los nuevos y heroicos dioses dominantes,

dejando a los poderes naturales nativos sólo el carácter de oscuridad,

al que ahora se añadía también un juicio moral negativo

Porque,

como muestran multitud de pruebas,

los órdenes sociales así como míticos de las dos formas de vida contrapuestas eran divergentes

Donde la diosa había sido venerada como la dispensadora y sustentadora de la vida así como consumidora de los muertos,

en cuanto representantes suyas,

se les había otorgado una posición supre­ ma tanto en la sociedad como en el culto

A tal orden de costumbres sociales y de culto dominado por la mujer se le llama,

el orden del derecho mater­ no

Y opuesto a él,

está el orden del patriarcado,

con ardor de virtuosa elocuencia y furia de fuego y espada

De ahí que las literaturas de la primera Edad del Hierro,

tanto de la Grecia aria como de Roma y del vecino Levante semítico,

estén llenas de variantes de la conquista por un héroe radiante del monstruo oscuro y desacreditado —por una razón u otra— del anterior orden divino,

de cuyos anillos se obten­ dría algún tesoro: una tierra hermosa,

o simplemente la liberación de la tiranía del propio monstruo puesto en tela de juicio

El principal ejemplo bíblico era la victoria de Yahvé sobre la serpiente del mar cósmico,

Leviatán,

«¿Puedes pescar a Leviatán con un anzuelo o sujetar su lengua con una cuerda

? ¿Puedes ponerle una soga en la nariz o agujerear su quijada con un arpón

? ¿Haría un pacto contigo para que lo tomaras como servidor para siempre

? ¿jugarías con él como con un pájaro,

? ¿Regatearían por él los comerciantes

? ¿Se lo repartirían entre los mercaderes

? ¿Puedes llenar su piel de dardos o su cabeza de arpones

»23 El equivalente para los griegos era la victoria de Zeus sobre Tifón,

por esta hazaña se aseguró el reino de los dioses patriarcales del monte Olimpo sobre la anterior progenie de la gran diosa madre

La forma del Titán,

Era tan alto que su cabeza con frecuencia chocaba con las estrellas y sus brazos se podían extender desde oriente a occidente (Fig

De sus hombros,

se alzaban cien cabezas de serpiente,

Figura 10

y los numerosos ojos lanzaban llamas

Se oían voces en su interior,

emitiendo sonidos que los dioses podían enten­ der,

pero también bramidos de toro,

tan altos que las montañas devolvían el eco

Y esta cultura terrible se hubiera convertido en el amo de la creación si Zeus no hubiera combatido contra él

El Olimpo se agitó bajo los pies del padre de los dioses cuando éste se movió,

así como de los ojos y de la respiración de su antagonis­ ta,

el fuego se derramó sobre el oscuro mar

El océano hirvió,

Compárese el salmo 74:13-14

La desposada de la serpiente / 41

olas altísimas rompieron sobre todos los promontorios de la costa,

Y por unos instantes,

incluso el propio Zeus perdió la calma

Pero cuando hubo recobrado la fuerza de nuevo,

el gran héroe sujetó su terrible arma,

prendió fuego a todas aquellas cabezas centelleantes,

El monstruo se estrelló contra la tierra,

Despedía llamas,

que se extendieron por los bosques de las escarpadas montañas,

y tan calientes que se derritió gran cantidad de terreno,

como el hierro en la ardiente fragua del cojo artesano de los dioses,

Hefesto,

Después,

el poderoso rey de los dioses,

arrojó la llameante víctima a la sima del Tártaro

Y hasta el día de hoy su forma de titán arroja todos esos vientos que soplan espantosamente a través de los mares y provocan angustia a los mortales,

y asolan las amadas obras de los moradores de la tierra con tempestades y polvo24

La semejanza de esta victoria con la de Indra,

sobre la serpiente cósmica Vritra es incuestio­ nable25

Los dos mitos son variantes de un mismo arquetipo

Es más,

en los dos el papel del anti-dios ha sido asignado a una figura de una mitología anterior—en Grecia,

demonios que antes habían simbolizado la fuerza del orden cósmico mismo,

el oscuro misterio del tiempo,

que borra las hazañas de los héroes como si fueran polvo: la fuerza de la serpiente eterna,

mudando vidas como si fueran pieles,

siempre ■girando en su círculo del eterno retorno,

como ya ha girado durante toda la eternidad,

Contra el símbolo de este poder imperecedero,

el principio guerrero de la gran hazaña del individuo que se esfuerza lanzó 24 Hesíodo,

Teogonia 823-880,

La figura 10 es de un antiguo jarrón con figuras en rojo del Museo de Munich (abr

Furtwängler y K

Reichold,

Griechische Vasenmalerei (Munich: F

Bruckmann,

y durante algún tiempo el antiguo sistema de creencias —-así como de civilización— se derrumbó

El imperio de la Creta minoica se desintegró,

igual que en la India la civiliza­ ción de las ciudades gemelas drávidas,

Harappa y Mohenjodaro

Sin embargo,

en la India la antigua mitología del poder de la serpiente recuperó fuerza al poco tiempo,

hasta que hacia la mitad del primer milenio a

absorbió la totalidad del panteón y el espíritu de los dioses védicos —Indra,

Vayu y los demás— transformándolos en meros agentes de los procesos de sus propios dioses,

todavía girando alrededor del eterno retorno 25

Por otra parte,

el principio de indeterminación representado por el héroe que actúa sobre la historia,

no solamente conquistó el terreno,

sino que lo ocupó y lo ha conservado hasta el presente

Además,

esta victoria del principio del líbre albedrío,

junto con su corolario moral de la responsabilidad individual,

establece la primera característica destacada del mito específi­ camente occidental: aquí quiero incluir no sólo los mitos de la Europa aria (griegos,

celtas y germanos) sino tam­ bién los de los pueblos semitas y arios de Levante (semitas,

Porque,

tanto si pensamos en las victorias de Zeus y Apolo,

Perseo,

jasón y los demás sobre los dragones de la Edad de Oro,

como en las de Yahvé sobre Leviatán,

la lección que se obtiene es la de un poder autónomo más grande que la fuerza de cualquier destino sujeto a la tierra como el de la serpiente

i Todos se presentan (en palabras de Jane Harrison) «primero y | principalmente como protesta contra la adoración de la Tierra \ y los demonios de la fertilidad de la Tierra»

«Una adoración de los poderes de la fertilidad que incluye toda la vida vegetal y animal es lo suficientemente amplia como para ser sana y saludable»,

añade,

«pero a medida que la atención del hombre se centra más y más en su propia humanidad,

tal culto es una fuente obvia de peligro y enferme­ dad» 2627

26 Ibid

Tbemis,

La desposada de la serpiente / 43

¡Así es

no se puede evitar s'entir que existe algo forzado y finalmente poco convincente en todas las viriles actitudes morales de los resplandecientes y justos bienhecho­ res,

tanto de la escuela bíblica como de la grecorromana

Porque,

por venganza o por compensación,

y por tanto la profundidad espiritual y el interés de los mitos en los cuales figuran,

continúan apoyándose en las presencias oscuras de la tierra maldita pero fecunda,

que aunque derrota